domingo, 23 de junio de 2013

La primera vez

Todas las primeras veces tenían ese "alma" especial que las hacían únicas. Mirka había despertado aquella mañana como siempre entre los brazos de su marido, su pareja, su amigo, su medio hermano. La luz se colaba suavemente entre las cortinas blancas, en aquel remanso de paz todo era blanco: su camisón, las sábanas, los muebles...

Mihael había consentido que Mirka impusiera su estilo decorativo en una antigua mansión tradicionalmente lúgubre. Aquel lugar, con sus suelos de mármol y sus barrocos muebles de color nogal oscuro, todas aquellas pesadas cortinas de terciopelo rojo y oro... Todo aquello eran vestigios de una era pasada, una era en la que los Klovar, vivian en la oscuridad.


Mirka sabía que su hermano odiaba aquella época, y que por eso amaba la luminosidad, el sol, los grandes ventanales y el calor que el verano podía ofrecer. Al menos en los aposentos que ambos compartían Mirka había querido crear un lugar parecido al cielo, una gran cama, doseles y mucho blanco y oro.

Mihael se removió entre sus brazos, le encantaba reposar la cabeza sobre el pecho de Mirka y abrazarla en sueños, manteniendose siempre en contacto con la piel cálida de su hermana. Aquella situación la llevó a recordar momentos menos felices, cuando la incertidumbre la angustiaba día y noche...





Los médicos habían comprobado que Mihael era mucho más dócil en la presencia de su hermana, desde el primer día que cruzaron sus miradas Mihael únicamente se dejó hacer por ella. Los Klovar habían temído al principio por la joven, cuando se enfrentó ella sola, con su tranquilidad como única arma a una bestia que caminaba de un lado a otro de la habitación, como un león atrapado. Sin alimentarse, sin dormir, sin permitir que ningún médico se acercara, reaccionaba con miedo y con agresividad a los que se acercaban.

Y Mihael era un hombre extraordinario, sorprendía la fuerza, que según Mirka había escuchado, había heredado de su abuelo. 

Ahora como si se tratara de un cachorro grande Mihael adoraba estar cerca de ella, abrazandola, reclamando su atención... pero sin decir prácticamente ninguna palabra. Mirka estaba convencida de que Mihael sabía hablar, pero que simplemente, no podía hacerlo. Sehara había hablado con ella al respecto, a veces las mentes eran más complejas de reparar de lo que uno se esperaba, solo podían rezar para que todo siguiera su camino.

Descubrieron con asombro que a pesar de lo fuerte y aparentemente bruto que era, Mirka, Sehara y su pequeña Jezabel eran objeto de adoración de Mihael, sobre todo la pequeña, que poco a poco fue abriendose paso hasta la mente herida del joven, permitiendo que la ayuda de Sehara, que era una afamada psicologa, pudiera entrar de verdad y hacerle comprender su situación.

La primera vez que Mihael se dio cuenta realmente de cuanto amaba a su hermana fue dos años despues de su liberación. Mirka dormía entre sus brazos y es que el joven no estaba tranquilo dejándola dormir sola, tenía una aguda paranoia sobre lo que podía pasarla. Observó el cuerpo de Mirka, como su respiración era suave y pausada, como sus manos estaban colocadas, como su cabello se desparramaba sobre la almohada y aquello le hizo reaccionar como pocas veces había reaccionado.

Le costó mucho tiempo admitir ese tipo de apetencias, y mucho más confesarselas a Mirka, estaba claro que parecía que ambos estaban destinados a repetir los errores de sus padres...



 Mirka acarició el cabello de Mihael cuando este comenzó a despertarse y sonrió- ¿por que no duermes un poco más?

Mihael frotó su cara contra ella- No estaría mal..- ronroneó mientras acariciaba los hombros de ella y volvió a cerrar los ojos- ¿en que piensas?

Ella se echó a reir- Nuestra primera vez.

Él negó como si fuera impensable- ¿en serio?- Dijo sonriendo- Estaba realmente asustado, menos mal que Sehara me previno de lo que te pasaría.



Quizá una parte de Mihael siempre sería ese bruto animal, como el escudo de los Klovar, un oso pardo. No había cosa que más le gustara a Mihael que oler a Mirka, le encantaba frotar su cara contra ella, repasar la curva de su cuello, la delicada zona en la que la mandíbula, oreja y cuello se encontraban. Le encantaba besar sus brazos, repasar con sus labios la curva de sus senos y acariciar con la punta de su nariz el camino que hacia su cuerpo hacia su ombligo y más abajo.



Día tras día el juego había sido llevado por ambos un poco más allá, ambos absolutamente inexpertos descubrieron los placeres que parecían prohibidos y poco a poco su danza sensual se transformó en algo más....




-Nuestra primera vez- Dijo Mihael interrumpiendo la línea de pensamientos de Mirka- No podía haber deseado mujer mejor- susurró besandola.





Mirka sonrió, sabía a dónde llevaba aquello y se dejó arrastrar por los fuertes brazos de su hermano, gozosa, una vez más.




Gracias por mirar~


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